Los peregrinos fumadores del Camino de Santiago: promesas eternas, estancos inexistentes y fe en la nicotina
En el Camino de Santiago hay silencio, espiritualidad, ampollas… y peregrinos fumadores viviendo su propia penitencia moderna. Porque si algo queda claro tras el primer día es que nadie calcula bien cuántos cigarrillos va a necesitar.
El peregrino fumador empieza motivado:
—“En el Camino fumo menos.”
—“Es buen momento para dejarlo.”
—“Total, caminar ayuda.”
Y el Camino, que escucha pero no promete nada, sonríe.
El gran drama: los estancos
Nadie habla de esto antes de salir, pero el Camino está lleno de iglesias… y vacío de estancos.
El peregrino fumador aprende rápido:
- hay pueblos con tres iglesias y cero tabaco
- hay bares con menú peregrino y sin máquinas
- hay aldeas donde el tabaco es leyenda
Y ahí empieza la ansiedad real:
—“¿Sabes si más adelante hay estanco?”
—“No.”
—“¿En el siguiente pueblo?”
—“Tampoco.”
—“Bueno… Buen Camino.” (sudando)

El ritual del cigarro “con sentido”
En el Camino, el cigarro no se fuma porque sí.
Se fuma:
- para reflexionar
- para descansar
- para celebrar
- para sufrir
- o porque sí, que ya se ha subido bastante
Siempre con la misma frase:
—“Este es el último.”
Mentira piadosa. Muy peregrina.
La promesa universal
El 90% de los peregrinos fumadores camina con una promesa:
—“Cuando llegue a Santiago, dejo de fumar.”
Algunos lo dicen en voz alta.
Otros lo piensan mirando al horizonte.
El Camino lo apunta… pero no presiona.
Mientras tanto, cada cigarro viene acompañado de justificación:
—“Hoy ha sido duro.”
—“He caminado mucho.”
—“He pensado en dejarlo, eso cuenta.”
Comunidades internacionales de humo
Nada une más que compartir fuego.
No importa el idioma:
—“¿Fire?”
—“Sí.”
—“Buen Camino.”
Y ya sois familia.
El fumador del Camino no camina solo.
Camina con otros fumadores, intercambiando:
- tabaco
- consejos
- promesas incumplidas
- y mapas mentales de posibles estancos que casi nunca existen
Llegar a Santiago (y negociar otra vez)
Muchos llegan a la catedral emocionados, cansados y convencidos:
—“Aquí dejo de fumar.”
Algunos lo cumplen.
Otros encienden uno frente a la plaza y dicen:
—“Después del Camino. Ahora no toca decidir.”
Porque el Camino enseña muchas cosas, pero sobre todo una:
nadie es perfecto, todos caminamos como somos.
Con mochila.
Con fe.
Con dudas.
Y a veces… con tabaco.
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