El Camino del Salvador es una de las rutas jacobeas más antiguas y a la vez menos conocidas. Une León con Oviedo atravesando la Cordillera Cantábrica y, desde allí, permite continuar por el Camino Primitivo hasta Santiago de Compostela. Durante siglos, muchos peregrinos se desviaban hacia Oviedo para visitar las reliquias de la catedral, dando origen al dicho medieval: “Quien va a Santiago y no al Salvador, visita al criado y deja al Señor”.
Una ruta con raíces medievales
El origen del Camino del Salvador se remonta a la Edad Media, cuando Oviedo era uno de los principales centros de peregrinación del norte de la península. La Cámara Santa de la catedral custodiaba importantes reliquias que atraían a peregrinos de toda Europa, muchos de los cuales llegaban desde León tras recorrer el Camino Francés.
Este desvío no era un simple capricho, sino una parada espiritual de gran relevancia. Con el paso de los siglos, la ruta fue perdiendo protagonismo frente a otros itinerarios, pero nunca desapareció del todo y hoy ha sido recuperada gracias al trabajo de asociaciones y peregrinos.
Un Camino de montaña y silencio
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El Camino del Salvador es conocido por su dureza y su belleza. A lo largo de poco más de cien kilómetros, el peregrino atraviesa zonas de media y alta montaña, con etapas exigentes y cambios de clima frecuentes. El paso por el Puerto de Pajares es uno de los momentos más emblemáticos, donde el paisaje se abre y la sensación de aislamiento es total.
A diferencia de otras rutas más concurridas, aquí el peregrino camina muchas veces en soledad, acompañado únicamente por el sonido del viento, el ganado en los prados y el crujir de la tierra bajo las botas.
Oviedo, meta y punto de partida
Llegar a Oviedo tiene un significado especial. La catedral de San Salvador marca el final de este Camino y, al mismo tiempo, el inicio de una nueva etapa para quienes continúan hacia Santiago por el Camino Primitivo.
Muchos peregrinos destacan la emoción de entrar en la ciudad después de varios días de montaña. Es una llegada distinta a otras del Camino, más íntima y tranquila, pero igualmente intensa.
Una ruta para peregrinos que buscan algo diferente
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El Camino del Salvador no es el más fácil ni el más cómodo, pero precisamente por eso atrae a quienes buscan una experiencia más auténtica. La menor afluencia de peregrinos, la dureza del terreno y la belleza de los paisajes hacen que muchos lo consideren uno de los Caminos más especiales.
Aquí no abundan los grandes albergues ni los servicios constantes. El peregrino debe planificar bien las etapas y llevar lo necesario, lo que recuerda al espíritu de los Caminos antiguos.

El Salvador, un Camino que vuelve a despertar
En los últimos años el interés por esta ruta ha ido creciendo. Cada vez más peregrinos descubren este desvío histórico y lo incorporan a su viaje hacia Santiago. Muchos coinciden en que el Camino del Salvador conserva algo que en otras rutas se ha ido perdiendo: silencio, naturaleza y la sensación de aventura.
Porque en este Camino, más que en ningún otro, el peregrino entiende que caminar no es solo avanzar… es también escuchar, observar y descubrir.














