De Finisterre a Jerusalén: comienza el Camino por la Paz más largo del mundo
Desde el extremo atlántico de Galicia, donde durante siglos los peregrinos creyeron que terminaba la tierra conocida, nace ahora un proyecto que mira mucho más allá del horizonte. En Finisterre ha arrancado oficialmente el llamado Camino por la Paz, una iniciativa internacional que aspira a convertirse en el camino señalizado más largo del mundo, con un destino tan simbólico como universal: Jerusalén.
Este nuevo itinerario no es solo una ruta física de miles de kilómetros, sino una propuesta cargada de significado en un momento histórico marcado por conflictos, divisiones y tensiones culturales. El Camino por la Paz propone algo tan sencillo como revolucionario: caminar para unir, avanzar para dialogar y encontrarse para comprender.
Un camino que conecta culturas, religiones y personas
El proyecto está concebido como una gran ruta transversal que atravesará distintos países de Europa y Oriente Próximo, enlazando caminos históricos, rutas de peregrinación tradicionales y nuevos tramos creados específicamente para este recorrido. Lejos de ser una ruta cerrada, el Camino por la Paz se define como un camino vivo, abierto a aportaciones de asociaciones, municipios, colectivos culturales y peregrinos de todo el mundo.
Cada etapa pretende convertirse en un espacio de encuentro intercultural, donde el caminar compartido sirva como punto de partida para el diálogo entre personas de distintas creencias, orígenes y formas de entender el mundo. No se trata de borrar diferencias, sino de aprender a convivir con ellas desde el respeto mutuo.

El espíritu jacobeo como punto de partida
Que el inicio esté en Finisterre no es casual. Este lugar, tradicional final simbólico del Camino de Santiago, representa el cierre de un ciclo y el comienzo de otro. Durante generaciones, miles de peregrinos han llegado hasta aquí buscando respuestas, reflexión o simplemente el silencio del océano. Ahora, ese espíritu peregrino se proyecta hacia una dimensión global.
El Camino por la Paz recoge los valores esenciales del Camino de Santiago: hospitalidad, esfuerzo compartido, introspección y comunidad. Valores que hoy cobran una nueva dimensión al aplicarse a un recorrido internacional con vocación de futuro.
Caminar como mensaje en tiempos difíciles
En un mundo acelerado y fragmentado, esta iniciativa recuerda que los grandes cambios empiezan paso a paso. El Camino por la Paz no promete soluciones inmediatas, pero sí un mensaje claro: caminar juntos sigue siendo una de las formas más poderosas de acercar a las personas.
El primer paso ya se ha dado en Finisterre. El resto del camino, como ocurre siempre en las grandes peregrinaciones, se irá construyendo con cada huella.















