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El habitante más antiguo del Camino de Santiago

El castaño centenario de Ramil, el habitante más antiguo del Camino de Santiago que muchos peregrinos desconocen

En el corazón del Camino Francés, justo después de la exigente subida a O Cebreiro y antes de llegar a Triacastela, se encuentra un testigo silencioso de siglos de historia: el castaño centenario de Ramil. Este árbol emblemático, con más de 800 años de vida, ha visto pasar a miles de peregrinos a lo largo de generaciones, y sin embargo, continúa siendo uno de los grandes desconocidos para quienes recorren la ruta jacobea.

El castaño de Ramil es mucho más que un árbol antiguo. Su tronco de dimensiones espectaculares, surcado por huecos y moldeado por el tiempo, se eleva sobre el sendero como un guardián natural. Su amplia copa ofrece sombra gratificante en jornadas calurosas y un punto de descanso para quienes avanzan con la mochila a cuestas, cansados pero con la mirada puesta en Santiago de Compostela.

Situado en la aldea de Ramil, este ejemplar de Castanea sativa figura en el catálogo de Árboles Singulares de Galicia, una distinción que reconoce su valor natural y cultural. A simple vista puede parecer un punto más del paisaje, pero quienes se detienen bajo su sombra sienten de inmediato la fuerza de su presencia. Algunos lo rozan con la mano antes de retomar la marcha, como si quisieran llevarse un fragmento de esa historia milenaria con ellos.

Aunque su historia se remonta a muchos siglos atrás, su condición de testigo del paso de peregrinos lo convierte en un símbolo vivo del Camino. No es raro imaginar a caminantes medievales, con sus capas y bastones, cruzando por la misma senda que hoy recorren viajeros de todo el mundo. Ese recorrido compartido entre pasado y presente es lo que hace que lugares como el castaño de Ramil cobren un significado especial: conectan generaciones y vivencias bajo la misma luz.

Pese a su importancia, no todos los peregrinos lo conocen. Es fácil pasar de largo si no se presta atención al entorno o si la meta de cada día absorbe por completo la atención de quien camina. Pero para quienes sí lo descubren, el castaño se convierte en un hito entrañable, en un punto de reflexión y en un recordatorio de que el Camino es también un viaje a través del tiempo.

La próxima vez que emprendas la ruta jacobea, recuerda levantar la vista del sendero y observar con calma. Quizá, bajo la sombra generosa del castaño de Ramil, encuentres no solo descanso, sino una conexión más profunda con lo que este camino representa: una historia viva que sigue latiendo paso a paso.


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