El móvil está en todas partes. También en el Camino de Santiago.
En los últimos años, su presencia ha generado una pregunta incómoda pero necesaria:
¿seguimos haciendo el Camino o solo lo estamos documentando?
Para muchos, el teléfono se ha convertido en una extensión del cuerpo. Se camina mirando la pantalla, se fotografían cada flecha y cada café, se revisan notificaciones incluso en mitad del monte. Y eso cambia la experiencia, nos guste o no.

Cuando el móvil manda más que el Camino
Hay escenas cada vez más habituales:
- Peregrinos que no levantan la vista del GPS
- Grupos caminando en silencio con auriculares
- Fotos constantes sin apenas mirar el paisaje
- Publicaciones en redes antes de terminar la etapa
El Camino, que siempre fue encuentro, silencio y observación, corre el riesgo de convertirse en un simple decorado para el móvil.
No es una crítica a la tecnología en sí, sino al uso automático y sin límites que muchos hacemos de ella.
La paradoja: nunca tan conectados, nunca tan ausentes
Resulta curioso que, en un Camino lleno de gente, haya cada vez más sensación de desconexión humana.
El móvil facilita información, pero también crea distancia.
Cuando se camina pendiente de la pantalla:
- Se habla menos
- Se escucha menos
- Se comparte menos
- Se siente menos
El Camino no exige atención constante, pero sí presencia. Y eso es difícil cuando el móvil ocupa todo el espacio mental.
¿Y si el móvil no fuera el problema?
La polémica no está en llevar móvil, sino en no saber soltarlo.
El teléfono puede ser útil, incluso necesario:
- Seguridad
- Organización
- Emergencias
- Recuerdos
Pero el problema aparece cuando se convierte en protagonista.
Muchos peregrinos reconocen que los mejores momentos del Camino llegan cuando el móvil se queda en la mochila. Cuando se camina sin música. Cuando se acepta el silencio. Cuando se habla con desconocidos sin mirar la hora.
El Camino no necesita cobertura
El Camino ha sobrevivido siglos sin WiFi, sin apps y sin redes sociales.
Y sigue ofreciendo lo mismo: tiempo, espacio y verdad.
No se trata de volver al pasado, sino de elegir conscientemente cómo queremos vivir esta experiencia.
Porque el Camino no se mide en likes, ni en stories, ni en mensajes enviados.
Reflexión final
Puedes llevar el móvil en el Camino,
pero procura que no sea él quien te lleve a ti.
A veces, apagar la pantalla es la mejor forma de encender el Camino.















