Naturaleza desbordada, silencio y agua salvaje en uno de los tramos más impactantes de de la ruta
Hay momentos en el Camino Primitivo en los que el peregrino se detiene sin saber muy bien por qué. No es el cansancio, ni la mochila, ni siquiera el desnivel. Es la certeza de estar ante algo que no se puede contar del todo con palabras. Eso es exactamente lo que ocurre al llegar a esta ruta marcada por una gigantesca cascada, uno de esos secretos que el Camino guarda para quienes avanzan despacio y con los sentidos abiertos.
En este tramo, el Camino abandona cualquier idea de simple sendero y se transforma en un espectáculo natural. El sonido del agua aparece primero como un murmullo lejano, casi tímido. Luego crece, se impone, envuelve. Y de pronto, allí está: la cascada cayendo con fuerza, salvaje, imparable, recordando al peregrino que la naturaleza aquí manda y lo hace sin pedir permiso.

Un Camino que se siente más que se camina
El Primitivo nunca ha sido un Camino fácil, y quizá por eso es también uno de los más auténticos. En esta zona, la vegetación se cierra, el aire se vuelve húmedo y el suelo conserva ese olor a bosque vivo que solo existe en Asturias. El agua cae durante todo el año, pero tras lluvias o en invierno el espectáculo es aún más sobrecogedor.
No es una ruta para correr. Es una ruta para parar, escuchar, mirar y respirar. Muchos peregrinos reconocen que aquí el Camino les habla sin palabras: de esfuerzo, de humildad y de la pequeñez del ser humano frente a lo natural.
Un tesoro poco conocido del Primitivo
A diferencia de otros puntos más fotografiados del Camino de Santiago, esta cascada mantiene aún un carácter discreto, casi íntimo. No hay multitudes ni colas. Hay silencio, botas mojadas y miradas que se quedan quietas unos segundos más de lo previsto.
Este rincón se ha convertido en uno de esos lugares que los peregrinos recomiendan en voz baja, como si temieran romper la magia al contarlo demasiado alto. Y es precisamente eso lo que lo hace especial: no se busca, se encuentra.
Mucho más que una etapa
Caminar junto a esta cascada no es solo completar una etapa más. Es comprender por qué el Camino Primitivo sigue siendo, siglos después, un viaje interior tanto como exterior. Aquí el paisaje no acompaña: protagoniza.
Porque hay tramos del Camino que se recuerdan por el esfuerzo, otros por las personas… y algunos, como este, porque te recuerdan por qué empezaste a caminar.















