Lluvia, viento y barro ponen a prueba el Camino en una de las temporadas más duras de los últimos años
El invierno ha decidido no dar tregua y el Camino de Santiago lo está notando. Los temporales encadenados de las últimas semanas, con lluvias persistentes, fuertes rachas de viento y episodios de frío intenso, han golpeado de lleno a la ruta jacobea, provocando una caída notable en el número de peregrinos que se animan a caminar hacia Compostela.

Quienes estos días se aventuran a salir a la ruta lo hacen sabiendo que no será un camino fácil. Etapas convertidas en auténticos barrizales, sendas anegadas, ríos desbordados en algunos tramos y jornadas enteras caminando bajo la lluvia han hecho que muchos opten por posponer su peregrinación a la espera de tiempos más amables.
Menos mochilas, más silencio en los caminos
Albergues que en otros inviernos mantenían un goteo constante de caminantes ahora registran noches con muy poca ocupación. El sonido de las botas sobre la grava ha sido sustituido por el del viento y la lluvia golpeando las ventanas. Incluso los hospitaleros más veteranos reconocen que este invierno está siendo especialmente duro, tanto para los peregrinos como para quienes viven del Camino.
La meteorología no solo ha afectado a la afluencia, también a la logística del día a día. Algunos tramos se vuelven complicados o directamente impracticables durante los temporales, obligando a extremar la precaución y a replantear etapas sobre la marcha.
El Camino resiste, pero avisa
A pesar del descenso de caminantes, el Camino demuestra una vez más su capacidad de resistencia. Los peregrinos que siguen adelante lo hacen con una mezcla de épica y determinación, conscientes de que este tipo de experiencias son las que dejan huella. Eso sí, el mensaje es claro: el invierno no perdona y el Camino, en estas condiciones, exige preparación, cabeza y respeto.
Mientras tanto, el sector turístico ligado a la ruta confía en que la llegada de la primavera devuelva la normalidad y las mochilas vuelvan a llenar los senderos. Hasta entonces, el Camino sigue ahí, más salvaje que nunca, recordando que no siempre es postal y sol… a veces también es viento, agua y pura resistencia.















