Un símbolo histórico del Camino de Santiago reabre sus puertas devolviendo al peregrino el espíritu de acogida medieval
Seis siglos después de haber cerrado sus puertas, el Hospital de Peregrinos de Melide vuelve a cumplir la función para la que fue creado: acoger y cuidar a los caminantes del Camino de Santiago. Un gesto cargado de simbolismo que conecta directamente el presente con la esencia más profunda de la peregrinación, aquella en la que hospitalidad y solidaridad eran tan importantes como llegar a Compostela.
Situado en Melide, punto clave del Camino Francés, este histórico edificio fue durante siglos un refugio fundamental para peregrinos exhaustos, enfermos o sin recursos. Su reapertura supone no solo la recuperación de un inmueble patrimonial, sino también la reactivación de una forma de entender el Camino que parecía olvidada.

Un viaje directo a la Edad Media jacobea
El hospital de peregrinos de Melide nació en plena Edad Media, cuando el Camino de Santiago era una arteria vital de Europa. Allí se ofrecía descanso, atención básica y alimento a quienes llegaban tras largas jornadas de marcha. Con el paso del tiempo, el edificio perdió su función original y quedó relegado al silencio histórico.
Ahora, tras un proceso de recuperación y puesta en valor, el espacio vuelve a latir con vida peregrina. No se trata solo de abrir un edificio, sino de rescatar una tradición milenaria: la del cuidado al caminante, sin distinción de origen, lengua o creencias.
Melide, cruce de caminos y de historias
Melide ocupa un lugar privilegiado en el Camino, como punto de unión de rutas y encuentro de peregrinos de todo el mundo. La reapertura del hospital refuerza ese papel histórico y cultural, convirtiendo a la localidad en un referente de hospitalidad jacobea.
Este espacio permitirá además divulgar la historia del Camino y del propio hospital, acercando a peregrinos y visitantes a una parte esencial del legado medieval que dio forma a la ruta santiaguesa.
Mucho más que un edificio restaurado
La vuelta a la vida del hospital de peregrinos de Melide es un recordatorio poderoso: el Camino de Santiago no es solo caminar, sino cuidar y ser cuidado. En un tiempo marcado por la prisa y la masificación, recuperar estos símbolos devuelve al Camino su dimensión humana.
Porque algunos lugares no se abren solo con llaves, sino con memoria. Y en Melide, seis siglos después, el Camino vuelve a sentirse como hogar.















