El autor neerlandés, muere a los 92 años, dejó en sus páginas la esencia del peregrino moderno: caminar para comprender el mundo
El mundo de las letras despide a Cees Nooteboom, el escritor neerlandés que hizo del viaje una forma de pensamiento y de la palabra un territorio sin fronteras. Ha fallecido a los 92 años, dejando tras de sí una obra extensa y profundamente ligada al concepto de desplazamiento, identidad y búsqueda interior.
Nooteboom no fue un peregrino al uso, pero su literatura respira el mismo aire que el Camino de Santiago: el del viajero que no solo recorre kilómetros, sino preguntas. En novelas como Rituales o en sus numerosos libros de viajes, el autor exploró la condición humana desde la experiencia del movimiento constante. Caminar, para él, no era una actividad física sino una forma de pensamiento.

Su relación con España fue profunda y duradera. Residió largas temporadas en nuestro país y encontró en sus paisajes —castellanos, insulares, atlánticos— una fuente inagotable de inspiración. No resulta difícil imaginar que las sendas jacobeas, con su mezcla de silencio, historia y espiritualidad, encajaran perfectamente en su universo literario.
El Camino de Santiago, más allá de su dimensión religiosa, es también un itinerario cultural que ha inspirado a escritores de todas las épocas. En la obra de Nooteboom encontramos esa misma mirada contemplativa que muchos peregrinos experimentan al atravesar la meseta o al entrar en la plaza del Obradoiro. La idea de tránsito, de cruce entre mundos, de conversación entre pasado y presente, atraviesa tanto sus páginas como las mochilas de quienes caminan hacia Compostela.
Su literatura nos recuerda que el viaje no siempre tiene un destino claro, pero sí un sentido profundo. En tiempos de prisas y superficialidad, Nooteboom defendió la lentitud, la observación y el diálogo con la memoria. Valores que hoy siguen vivos en cada etapa del Camino.
Con su muerte desaparece una de las voces más elegantes de la narrativa europea contemporánea. Pero como sucede con los grandes viajeros, su legado continúa abierto, dispuesto a ser recorrido. Porque, al fin y al cabo, como bien saben los peregrinos, lo importante no es llegar… sino comprender lo que el camino nos va susurrando paso a paso.















