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Tomás nos deja… pero su espíritu sigue en el Camino

Homenaje a Tomás, el último templario de Manjarín

Hoy el Camino de Santiago está más silencioso.
No porque falten pasos o voces, sino porque se ha apagado una de esas luces que no se ven pero se sienten.
Se ha ido Tomás, el último templario de Manjarín, y con él se va una parte mágica, casi mística, de lo que significa caminar hacia Santiago.

Quienes tuvimos la suerte de cruzarnos con él —aunque fuese solo un instante— sabemos que Tomás no era un simple hospitalero.
Era un guardián del espíritu del Camino.
Un hombre que, desde su refugio en lo alto del puerto de Foncebadón, ofrecía café caliente, palabras sabias, una sonrisa sin prisa y esa bandera templaria ondeando al viento como un faro en mitad de la nada.

Manjarín siempre ha sido un lugar extraño: un punto entre la neblina, el frío, el cansancio…
y, sin embargo, lleno de una energía que no tenía explicación.
La explicación era él.
Su presencia.
Su voz.
Su fe en que el Camino era más que un sendero. Era una hermandad.

Recuerdo —como lo recuerdan tantos peregrinos— llegar a Manjarín con la ropa húmeda y el cuerpo temblando, y encontrar a Tomás allí, con esa mezcla de solemnidad y ternura que solo él sabía transmitir.
No preguntaba de dónde venías.
No hacía falta.
Te miraba a los ojos y te decía:
“Ánimo, hermano. El Camino te llama.”

Y uno sentía que sí, que todo volvía a colocarse en su sitio.

Hoy ese refugio templario queda huérfano, pero no vacío.
Queda lleno de recuerdos, de conversaciones, de peregrinos que encontraron fuerza en sus palabras y calor en su hospitalidad.
Queda lleno de su espíritu, ese que no conocía fronteras ni banderas, solo personas que caminaban buscando algo que ni siquiera sabían nombrar.

Desde aquí, desde esta orilla donde el corazón se encoge, quiero enviar mi pésame más profundo a su familia, a sus amigos, y a todos los que compartieron con él noches frías, historias interminables y ese fuego que mantenía encendido más por amor que por necesidad.

Gracias, Tomás.
Gracias por tu entrega, por tu fe, por tu constancia.
Gracias por haber construido un lugar donde la magia del Camino se hacía real.
Gracias por recordar a todos que el Camino es humanidad, protección, encuentro…
y también despedida.

Hoy, miles de peregrinos en todo el mundo levantarán su bordón en tu honor.
Porque aunque te hayas ido, tu espíritu seguirá caminando con nosotros.
Paso a paso.
Siempre.

Buen Camino, hermano. Que la luz te guíe.


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