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Un templo en el Camino donde se venera el Santo Grial

Escrito por el 25 de marzo de 2025


Un templo en el Camino donde se venera el Santo Grial: En lo alto de la montaña lucense, en un lugar en el que la niebla parece habitar de un modo casi perpetuo y el viento susurra leyendas al oído, se alza un templo que, más allá del paso del tiempo y de la vida, conserva un relato cargado de misterio. Una historia vinculada, desde siempre, a la cristiandad, sí, pero también a todos aquellos buscadores de tesoros, materiales y espirituales, que anhelan, como tantos. O lo que podría ser su símil en la tierra: el Santo Grial.

A fin de cuentas, Santa María la Real de O Cebreiro no es una iglesia cualquiera. Es el primer templo que pisa el peregrino cuando entra en Galicia por el Camino Francés, y es también el más antiguo de toda la Ruta Jacobea, un vestigio de piedra viva del siglo IX, construido en el año 872.

Pero más allá del arte y de la historia, que no es poco, esta iglesia se encuentra rodeado en un halo de misterio, del secreto que precede a los milagros. La historia, datada según la tradición en torno al año 1300, atiende a una misa celebrada durante una nevada de esas que devoran los caminos y el espíritu. Durante la misma, el pan y el vino se convirtieron, a los ojos de un sacerdote incrédulo, en cuerpo y sangre. Dicen que la Virgen se inclinó ante el milagro. El cura cayó fulminado.

Este es el conocido como “Milagro del Santo Grial de O Cebreiro”. En la pequeña capilla lateral del templo aún se conservan el cáliz de plata y la patena, fechados en el siglo XII, que habrían recogido aquella transformación sagrada.

Los Reyes Católicos, durante su peregrinación a Compostela en 1486, donaron un relicario para custodiar las piezas, cuyo simbolismo es tal que el cáliz figura incluso en el escudo de Galicia. Hay quien sostiene que esta copa es la del mismísimo Grial, traída desde tierras lejanas por un caballero, y que sirvió de inspiración a Richard Wagner para su Parsifal.

Pero más allá de la leyenda, el templo habla en piedra. Sus gruesos muros de pizarra y granito importado, material escaso en la comarca, resisten al clima implacable de la sierra. Consta de tres naves separadas por robustos pilares, rematadas en ábsides rectangulares sin ventanas, pensados para hacer frente al viento cortante y las heladas.

Su interior sobrio, sin ornamentos superfluos, refuerza la atmósfera de recogimiento y misterio. Solo la luz tenue que se filtra por alguna rendija ilumina la figura de la Virgen de O Cebreiro, una talla románica del siglo XII, y la gran pila bautismal, que recuerda antiguos ritos por inmersión.

En el exterior, una puerta adintelada y un pequeño pórtico bajo arco de medio punto dan la bienvenida a quienes buscan más que piedras: buscan respuestas, fe, o simplemente refugio.

En días de niebla cerrada, cuentan que los monjes hacían sonar la campana para guiar a los peregrinos perdidos. A sus pies, los ecos del antiguo hospital fundado por San Xiraldo de Aurillac resuenan todavía: siglos de acogida, consuelo y paso.

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