Si hacer el Camino de Santiago con una mochila de diez kilos ya provoca discusiones serias entre uno mismo y sus rodillas, imagínate hacerlo cargando entre 20 y 25 kilos, vestido como un legionario romano y con unas sandalias diseñadas bastante antes de que existiera el Gore-Tex.
Pues eso es exactamente lo que va a intentar Miquel Fornera entre el 5 y el 11 de septiembre, recorriendo las seis etapas que separan Sarria de Santiago de Compostela.
Y no irá solo.
Le acompañarán otro legionario romano, un esclavo y una perra llamada Quilla.
Roma no ha vuelto.
Pero va camino de Galicia.
La idea no es ponerse una túnica de carnaval y hacerse cuatro fotos para Instagram. El reto pretende comprobar de verdad cómo responde el cuerpo utilizando reproducciones de la indumentaria y el equipo de los soldados romanos durante varios días consecutivos de marcha.
Es decir: calor, cuestas, piedras, sudor, kilómetros y probablemente alguna ampolla capaz de independizarse y pedir su propia Compostela.
Fornera cargará con entre 20 y 25 kilos de peso.
Para entendernos: mientras muchos peregrinos pasan media tarde decidiendo si dejan el segundo pantalón en casa para ahorrar 300 gramos, este hombre ha decidido salir prácticamente con media legión a la espalda.
Pero curiosamente el peso no es lo que más le preocupa.
El gran enemigo podría estar en los pies.
Las famosas caligae, las sandalias utilizadas por los legionarios romanos, tendrán que demostrar si realmente servían para conquistar medio mundo o si los romanos simplemente tenían unos pies fabricados con hormigón armado.
Porque hay una verdad que une a los peregrinos del siglo XXI con los soldados de hace dos mil años:
si los pies dicen basta, se acabó el Imperio.
La expedición será difícil de confundir con un grupo organizado cualquiera.
Dos legionarios, un esclavo y una perra avanzando por el Camino Francés.
Más de un peregrino saldrá medio dormido del albergue, los verá aparecer por una curva y pensará que la cena de la noche anterior estaba más fuerte de lo que parecía.
Quilla, por cierto, probablemente sea el miembro de la expedición con mayores posibilidades de llegar fresca a Santiago.
También será seguramente la única que se pregunte por qué sus compañeros no han descubierto todavía la mochila ultraligera.
Parte de la ropa ha sido confeccionada siguiendo patrones históricos y utilizando materiales como el lino, con la intención de que el experimento sea lo más fiel posible.
Por tanto, durante esos seis días veremos si la tecnología romana supera algunas de las pruebas más duras de nuestra época:
las subidas gallegas, la humedad, las piedras, las etapas largas y encontrar sitio para desayunar cuando todo el mundo ha salido del albergue a la misma hora.
Si todo marcha según lo previsto, el 11 de septiembre la peculiar comitiva llegará a Santiago de Compostela.
Y entonces tendremos respuesta para algunas preguntas fundamentales para la historia de la humanidad:
¿Aguantarán las sandalias?
¿Llegarán los 25 kilos completos?
¿Acabará el esclavo adelantando a los legionarios?
¿Será Quilla la primera en entrar en la Praza do Obradoiro?
¿Dónde guarda un legionario romano la credencial?
¿Y qué cara pondrá el hospitalero cuando le pidan sitio para dos soldados del Imperio, un esclavo y una perra?
Lo único que parece claro es que pasar desapercibidos no van a pasar.
El Camino de Santiago ha visto peregrinos andando, corriendo, en bicicleta, a caballo, descalzos y cargando con prácticamente cualquier cosa imaginable.
Pero todavía consigue sorprendernos.
Así que, si a principios de septiembre estás haciendo el Camino Francés y ves aparecer una legión romana por detrás, tranquilo.
No hace falta avisar a las autoridades.
Probablemente solo quieran llegar a Santiago.
Ave, peregrinus. Ultreia.
















