Güemes volvió a reunir durante el primer fin de semana de octubre a asociaciones, hospitaleros, peregrinos y amigos del Camino de Santiago en torno a la Fiesta del Bordón Peregrino, unas jornadas que comenzaron con un encuentro de reflexión sobre los Caminos del Norte y terminaron con uno de los momentos más simbólicos del programa: la entrega del Bordón a la asociación que continuará su recorrido durante el próximo año.
Durante los días 2, 3 y 4 de octubre, Güemes volvió a demostrar por qué ocupa un lugar tan especial dentro del Camino del Norte. La Fiesta del Bordón Peregrino convirtió este pequeño enclave cántabro en un punto de encuentro para personas llegadas de distintos lugares, todas unidas por una misma idea: mantener vivo el espíritu del Camino más allá de las cifras, las temporadas y los kilómetros.

Las jornadas comenzaron con un acto de reflexión en torno a los Caminos del Norte. Varios representantes vinculados al mundo jacobeo participaron en un encuentro público en el que se habló sobre el presente de las rutas, la labor de las asociaciones y la necesidad de conservar aquello que da sentido al Camino. El ambiente fue cercano, más parecido a una conversación entre personas que llevan años trabajando sobre el terreno que a una conferencia formal.
Ese comienzo marcó muy bien el tono del fin de semana. La Fiesta del Bordón no quiso ser únicamente una celebración, sino también un espacio para escuchar, compartir experiencias y pensar en el futuro de unas rutas que cambian con el paso del tiempo. El crecimiento de peregrinos, la conservación del patrimonio, la hospitalidad, la señalización y el papel de los pueblos pequeños fueron algunas de las cuestiones que sobrevolaron las conversaciones.

Güemes, un lugar marcado por la hospitalidad
Hablar de Güemes dentro del Camino de Santiago es hablar de hospitalidad. Durante décadas, miles de peregrinos han pasado por este lugar y han encontrado algo más que alojamiento. Han encontrado conversación, acogida, comida compartida y una manera de entender el Camino basada en la cercanía y en el trato humano.
Ese espíritu estuvo muy presente durante todo el fin de semana. Las imágenes de las jornadas muestran mesas compartidas, intervenciones ante los asistentes, momentos distendidos y numerosos encuentros entre personas que, en muchos casos, llevan años vinculadas al asociacionismo jacobeo.
La fiesta tuvo precisamente esa mezcla de convivencia y reflexión que caracteriza muchos de los encuentros más auténticos del Camino. Hubo tiempo para hablar de proyectos, recordar experiencias y reencontrarse con personas de otras asociaciones. Pero también hubo espacio para simplemente sentarse alrededor de una mesa y compartir un momento sin prisas.
El Bordón Peregrino, mucho más que un bastón
El gran protagonista simbólico del encuentro fue el Bordón Peregrino. Se trata de un objeto que va pasando de una asociación jacobea a otra y que permanece durante un periodo bajo la custodia de cada entidad. Su importancia no está en el valor material, sino en la historia que va acumulando a medida que recorre distintos territorios.
En 2025, el Bordón llegó desde Irún hasta Güemes. Durante 2026 ha permanecido vinculado a Cantabria y a las actividades desarrolladas en torno al Camino del Norte. Ahora, después de un año de custodia, ha llegado el momento de continuar el viaje.
Ese relevo representa una de las ideas más bonitas de esta tradición. El Bordón no pertenece de forma definitiva a nadie. Se recibe, se cuida, se incorpora a la vida de la asociación y, llegado el momento, se entrega de nuevo para que siga caminando.

De Güemes a Albacete
Uno de los momentos más importantes de las jornadas fue la entrega del Bordón a la asociación de Albacete, que será la encargada de custodiarlo durante el próximo periodo. El relevo supone mucho más que un cambio de manos. También implica asumir la responsabilidad de mantener vivo el símbolo, organizar actividades en torno a él y darle continuidad antes de su próxima entrega.
La intención es que el Bordón vuelva a convertirse en un hilo conductor de distintas actividades durante el próximo año. De esta manera, seguirá sirviendo para acercar el Camino de Santiago a nuevos públicos, implicar a asociaciones y peregrinos y mantener el vínculo entre territorios muy diferentes.
El recorrido resume bien la esencia de la iniciativa: de Irún a Güemes, de Güemes a Albacete y, más adelante, hacia otro lugar. Cada etapa añade una nueva historia y cada asociación deja una pequeña parte de sí misma en ese objeto.
El valor de las asociaciones jacobeas
La Fiesta del Bordón también permitió poner en valor el trabajo de las asociaciones del Camino de Santiago. Muchas de ellas llevan décadas recuperando rutas, señalizando caminos, organizando actividades culturales, defendiendo el patrimonio y acompañando a peregrinos.
Buena parte de ese trabajo se realiza de manera voluntaria y muchas veces pasa desapercibido. Sin embargo, su importancia es enorme. Detrás de una flecha amarilla, de una ruta recuperada o de una actividad en un pueblo pequeño suele haber personas que han dedicado tiempo y esfuerzo para que el Camino continúe vivo.
Encuentros como el de Güemes permiten reconocer esa labor y, al mismo tiempo, reforzar los lazos entre asociaciones. Son también una oportunidad para intercambiar experiencias y afrontar juntos problemas que afectan a muchas rutas.

Un fin de semana que resume el espíritu del Camino
Las jornadas dejaron imágenes muy diferentes, pero todas forman parte de la misma historia. Hubo mesas de debate, reuniones, intervenciones, comidas compartidas, fotografías, conversaciones y momentos de celebración. Y, al final, un Bordón que volvió a cambiar de manos.
Ese gesto resume perfectamente lo que ocurrió en Güemes.
El Camino de Santiago no se construye únicamente andando. También se construye hablando, escuchando, cuidando y transmitiendo a otros lo que hemos recibido.
Durante unos días, Güemes volvió a ser precisamente eso: un lugar donde el Camino se piensa, se comparte y se vive.
El Bordón continuará ahora su viaje hacia Albacete, pero su paso por Cantabria queda ya incorporado a la historia de esta tradición.
Y quizá esa sea una de las mejores metáforas del propio Camino.
Nadie se queda con él para siempre.
Lo recibimos durante un tiempo.
Lo cuidamos.
Lo compartimos.
Y después lo entregamos a quienes vienen detrás.
Buen Camino, Bordón.
















