Los dos monasterios estuvieron durante horas en «grave peligro de desaparición». El fuego alcanzó su entorno, obligó a retirar bienes históricos y puso en máxima alerta a uno de los grandes tesoros vinculados al Camino de Santiago.
SAN JUAN DE LA PEÑA (HUESCA).— Durante unas horas, Aragón contempló una posibilidad que parecía inimaginable: que las llamas pudieran llevarse por delante uno de los lugares más extraordinarios de su historia.
El Monasterio Viejo y el Monasterio Nuevo de San Juan de la Peña estuvieron este jueves en «grave peligro de desaparición» por el avance del incendio forestal de Las Peñas de Riglos, según reconoció el consejero de Interior del Gobierno de Aragón, Roberto Bermúdez de Castro.
El momento más crítico se vivió aproximadamente entre las 13:00 y las 17:00 horas. El incendio evolucionó con una velocidad mayor de la esperada y llegó hasta las cortadas de San Juan de la Peña. La intensidad llegó a ser tal que algunos medios de extinción tuvieron que retirarse temporalmente de determinados puntos para proteger a los propios efectivos.
No ardieron los monasterios.
Pero estuvieron demasiado cerca.
El fuego llegó al Monasterio Viejo
La amenaza no fue únicamente una previsión sobre un mapa.
Las llamas alcanzaron la parte superior del entorno del Monasterio Viejo, cayendo incluso elementos quemados sobre la zona. Según la información facilitada por las autoridades, la estructura del histórico edificio no resultó quemada.
Los equipos de emergencia llegaron a derribar una puerta para acceder al interior y poder poner a salvo algunos de sus bienes más valiosos.
Mientras el incendio avanzaba, una agente de protección de la naturaleza y especialistas de la Unidad Militar de Emergencias (UME) entraron en el monasterio para realizar una operación que explica por sí sola la gravedad de aquellas horas.
Había que salvar todo lo que pudiera salvarse.

Los restos de los primeros reyes de Aragón, evacuados
Entre los bienes retirados se encontraban restos óseos vinculados al Panteón Real de San Juan de la Peña, además de otras piezas patrimoniales, que fueron trasladados preventivamente al Museo de Huesca.
También se puso a salvo indumentaria relacionada con el Conde de Aranda y otros elementos de valor histórico.
La imagen resulta estremecedora.
Siglos de historia saliendo de un monasterio mientras, en el exterior, los equipos de emergencia luchaban para impedir que el fuego alcanzase definitivamente el conjunto.
No se trataba únicamente de proteger paredes.
Se estaba protegiendo memoria.
Un fuego técnico para defender el Monasterio Nuevo
En el entorno del Monasterio Nuevo, los equipos de INFOAR y la UME tuvieron que tomar otra decisión extraordinaria.
Realizaron un fuego técnico en la pradera situada frente al edificio para crear una zona de defensa que redujera la intensidad del incendio y dificultara el avance de las llamas hacia el monasterio.
Por tanto, la superficie quemada que puede observarse en esa zona no corresponde necesariamente al avance directo del incendio: parte fue una actuación deliberada de los equipos de extinción para defender el edificio.
Era una carrera contra el fuego.
Y durante varias horas nadie podía garantizar cómo iba a terminar.

San Juan de la Peña no es un monasterio cualquiera
Para comprender la dimensión de lo ocurrido hay que mirar mucho más atrás.
Los orígenes de San Juan de la Peña se remontan a la Alta Edad Media y el conjunto terminó convirtiéndose en uno de los grandes centros religiosos y políticos vinculados al nacimiento del Reino de Aragón.
Bajo una gigantesca roca se encuentra el espectacular Monasterio Viejo, cuya arquitectura parece literalmente fundirse con la montaña.
Allí encontramos su célebre claustro románico, iglesias de diferentes épocas, el Panteón de Nobles y el Panteón Real relacionado con los primeros monarcas aragoneses.
El lugar también quedó unido durante siglos a tradiciones y leyendas, entre ellas las relacionadas con el Santo Grial.
Y su historia está profundamente conectada con el territorio de peregrinación que atraviesa esta parte de Aragón.
Un lugar unido al Camino de Santiago
Para los peregrinos que llegan desde Francia por Somport y recorren el Camino Aragonés, San Juan de la Peña representa uno de los grandes desvíos históricos y patrimoniales del entorno jacobeo.
Durante siglos, peregrinación, monasterios y rutas medievales estuvieron profundamente relacionadas.
Por eso este incendio no puede contemplarse únicamente como una emergencia forestal.
Ha amenazado también uno de esos lugares que ayudan a explicar cómo se construyó cultural y espiritualmente el Camino de Santiago.
El peregrino actual puede encontrar flechas amarillas, aplicaciones móviles y alojamientos.
El peregrino medieval encontraba monasterios.
Eran lugares de oración, protección, conocimiento y acogida.
Ya sobrevivió a otro terrible incendio
Existe además una coincidencia histórica difícil de ignorar.
San Juan de la Peña ya conoce la destrucción provocada por el fuego.
En 1675, un grave incendio se prolongó durante tres días y dejó el Monasterio Viejo en unas condiciones que terminaron haciendo inviable la continuidad de la vida monástica en aquel emplazamiento.
Como consecuencia se decidió construir un nuevo monasterio en el cercano Llano de San Indalecio.
Las obras del actual Monasterio Nuevo comenzaron en 1676.
Más de tres siglos después, el fuego volvió a acercarse peligrosamente a ambos.

Más de 9.000 hectáreas quemadas
El incendio de Las Peñas de Riglos ha adquirido unas dimensiones enormes.
Las últimas informaciones sitúan ya la superficie quemada por encima de las 9.000 hectáreas, con un perímetro que ronda los 50 kilómetros. Cientos de vecinos han tenido que abandonar sus localidades y durante la madrugada de este viernes se han producido nuevas evacuaciones después de una reproducción del incendio.
Para este viernes está previsto un enorme dispositivo con 33 medios aéreos, el máximo que puede operar sin comprometer la seguridad y el control del espacio aéreo.
La emergencia, por tanto, no ha terminado.
Un patrimonio que estuvo demasiado cerca de desaparecer
Hoy podemos escribir que los monasterios continúan en pie.
Y esa es la mejor noticia.
Pero durante unas horas hubo que contemplar seriamente otro escenario.
Uno en el que un incendio pudiera destruir en una tarde aquello que generaciones enteras habían conservado durante siglos.
San Juan de la Peña ha sobrevivido a guerras, abandonos, transformaciones políticas, siglos de intemperie e incluso a otros incendios.
Esta vez, bomberos, INFOAR, UME, agentes forestales, Guardia Civil y el resto de profesionales desplegados han vuelto a interponerse entre el fuego y la historia.
Quizá cuando termine esta emergencia y podamos volver a contemplar tranquilamente el monasterio bajo su enorme roca, lo hagamos con otros ojos.
Porque hay monumentos que parecen eternos.
Hasta que un día descubrimos que unas pocas horas pueden ser suficientes para perderlos para siempre.
















