El Camino Olvidado a Santiago vivió ayer en Valdeolea una de sus jornadas más importantes de los últimos años con la celebración, por primera vez en Cantabria, de su V Congreso.
Representantes institucionales, asociaciones, gestores territoriales y personas vinculadas al mundo jacobeo se reunieron en Mataporquera para analizar el presente y el futuro de una ruta que durante siglos quedó fuera de los grandes focos del Camino de Santiago y que ahora busca recuperar protagonismo.

La jornada puso sobre la mesa tres grandes ideas: cooperación entre territorios, protección del patrimonio y capacidad del Camino para generar actividad en zonas rurales.
Un Camino que necesita trabajar unido
El Camino Olvidado atraviesa territorios del País Vasco, Burgos, Cantabria, Palencia y León antes de enlazar con el Camino Francés en Villafranca del Bierzo.
Esa extensión convierte la cooperación entre administraciones, asociaciones y municipios en uno de sus principales retos.
Durante el encuentro celebrado en Valdeolea se abordó precisamente el papel de las entidades locales y la necesidad de trabajar de forma conjunta para consolidar la ruta, mejorar su conocimiento y convertirla en una verdadera oportunidad para los pueblos que atraviesa.
No se trata únicamente de conseguir más peregrinos.
El reto es que el Camino ayude también a conservar patrimonio, mantener servicios, generar economía local y dar visibilidad a territorios rurales que muchas veces quedan fuera de los grandes circuitos turísticos.

Cantabria reivindica su tradición peregrina
Otro de los ejes del Congreso fue la importancia histórica de Cantabria como territorio de peregrinación.
Las rutas jacobeas, el Camino del Norte, el Camino Lebaniego y ahora también el Camino Olvidado forman parte de una red histórica de caminos que durante siglos sirvieron para mover peregrinos, mercancías, cultura e ideas.
La conferencia dedicada a “Cantabria Peregrina” permitió situar el Camino Olvidado dentro de esa tradición y recordar que la región posee mucho más patrimonio caminero del que normalmente aparece en los grandes mapas turísticos.

El patrimonio como motor de territorio
La jornada también prestó especial atención al patrimonio cultural y natural que acompaña al Camino.
Iglesias, colegiatas, arquitectura rural, paisajes, antiguos caminos y pequeños pueblos forman parte de una ruta que conserva todavía un fuerte carácter local.
Ese patrimonio puede convertirse en una de las principales diferencias del Camino Olvidado frente a rutas mucho más masificadas.
Para muchos peregrinos actuales, caminar no significa únicamente llegar a Santiago.
Cada vez existe más interés por conocer la historia del territorio, descubrir pequeñas localidades y recorrer caminos con menos presión turística.
Ahí puede encontrarse una de las grandes oportunidades de esta ruta.

Del congreso al territorio
La programación de ayer no terminó en las sesiones de trabajo.
Los participantes se desplazaron también a diferentes enclaves patrimoniales del Camino Olvidado, completando la jornada con una aproximación directa al territorio.
El programa incluyó además un concierto en la Colegiata de San Pedro de Cervatos, uno de los grandes monumentos románicos del sur de Cantabria.
La filosofía del encuentro fue clara: hablar del Camino, pero también caminarlo, conocerlo y entender los lugares por los que pasa.

Hoy, el Camino se recorre a pie
El Congreso continúa este sábado con una marcha por el Camino Olvidado.
Es una forma simbólica de cerrar dos jornadas en las que teoría y territorio se mezclan.
Primero debatir sobre el futuro.
Después ponerse las botas y caminar.
El Camino Olvidado sigue teniendo muchos retos por delante: señalización, servicios, promoción, cooperación institucional y conocimiento internacional.
Pero el encuentro de Valdeolea deja algo claro.
Esta ruta ya no quiere seguir olvidada.
Cantabria ha servido estos días como punto de encuentro para empezar a decidir cómo será su futuro.


















