El Camino de Santiago tiene sus propias dolencias. Algunas afectan a los pies, otras a la cabeza y unas cuantas aparecen cuando uno lleva demasiados días siguiendo flechas amarillas. No figuran en ningún manual médico, pero cualquier peregrino veterano reconocerá más de una.
Hay personas que empiezan el Camino preocupadas por las ampollas, las tendinitis o el dolor de rodillas.
Pero nadie les advierte de las otras enfermedades.
Las verdaderamente peregrinas.
Esas que aparecen poco a poco y que no se curan con ibuprofeno, compeed ni una buena noche de descanso.
En RTV Camino de Santiago hemos reunido algunas de las más frecuentes.
Flechitis
Síntomas: incapacidad para caminar cien metros sin buscar una flecha amarilla.
El peregrino afectado empieza mirando las fachadas, las farolas, los árboles y hasta los contenedores de basura por si aparece una señal.
Cuando vuelve a casa, el problema continúa.
Ve una flecha amarilla en un aparcamiento y automáticamente piensa:
“Por ahí”.
Tratamiento: complicado. En casos graves, volver al Camino.
Kilometritis
La kilometritis suele aparecer después de varios días de marcha.
El peregrino deja de medir el mundo en horas y empieza a medirlo en kilómetros.
Ya no pregunta cuánto se tarda hasta el siguiente pueblo.
Pregunta:
“¿Cuántos kilómetros quedan?”
Cuando vuelve a casa, alguien le dice que el supermercado está a quince minutos andando y él responde:
“Eso serán 1,2 kilómetros”.
Tratamiento: evitar mirar aplicaciones de etapas durante al menos una semana.
Sellitis
Comienza de manera inocente.
Un sello en la credencial.
Luego otro.
Y otro.
Hasta que el peregrino descubre que existe espacio libre entre dos sellos y siente una necesidad inexplicable de llenarlo.
Los casos más avanzados entran en bares, iglesias, ayuntamientos y comercios preguntando:
“Perdona, ¿tenéis sello?”
Aunque no quieran comprar absolutamente nada.
Tratamiento: difícil. Algunos afectados continúan coleccionando sellos incluso después de llegar a Santiago.
GPSitis
Aparece principalmente entre quienes no confían completamente en la flecha amarilla.
El peregrino comprueba el GPS cada cinco minutos.
Aunque lleve delante a treinta peregrinos.
Aunque haya una enorme flecha pintada en el suelo.
Aunque el campanario del siguiente pueblo esté perfectamente visible.
Necesita confirmar que realmente está en el Camino.
Tratamiento: caminar diez minutos detrás de un peregrino veterano que no lleva teléfono.
Madrugatitis
Es una enfermedad especialmente contagiosa en los albergues.
Todo empieza cuando un peregrino pone el despertador a las seis.
El siguiente decide levantarse a las cinco y cuarenta y cinco.
Otro piensa que así evitará el calor y pone la alarma a las cinco y media.
Al final, a las cuatro y cincuenta de la mañana hay veinte personas guardando sacos de dormir dentro de bolsas de plástico.
Síntoma principal: creer que salir antes del amanecer garantiza llegar primero a todas partes.
Tratamiento: habitación privada durante una noche.
Cervezitis
Suele aparecer al final de etapa.
El peregrino llega completamente agotado y asegura:
“Solo quiero agua”.
Diez minutos después aparece sentado en una terraza con una cerveza diciendo que se la ha ganado.
En casos avanzados, comienza a calcular las distancias entre localidades según el número de terrazas disponibles.
Tratamiento: no se conoce.
Duchitis
La duchitis tiene dos variantes.
La primera consiste en pensar durante los últimos cinco kilómetros únicamente en una ducha caliente.
La segunda aparece cuando el peregrino llega al albergue y descubre que el agua caliente se ha terminado.
En ese momento puede experimentar incredulidad, negación, ira y finalmente aceptación.
Todo ello en aproximadamente cuarenta segundos.
Tratamiento: ducha. Preferentemente caliente.
Enchufitis
Muy frecuente entre peregrinos del siglo XXI.
El afectado entra en un albergue y antes incluso de preguntar dónde está su cama localiza todos los enchufes disponibles.
Después realiza complejos cálculos estratégicos para determinar cuál está más cerca.
La enfermedad empeora cuando necesita cargar teléfono, reloj, batería externa, auriculares y cámara al mismo tiempo.
Síntoma definitivo: llevar un ladrón eléctrico en la mochila y convertirse automáticamente en la persona más popular del dormitorio.
Obra-doiritis
Aparece normalmente durante los últimos kilómetros antes de Santiago.
El peregrino empieza a imaginar cómo será su entrada en la plaza del Obradoiro.
Piensa que llorará.
Que abrazará a sus compañeros.
Que permanecerá varios minutos contemplando la Catedral en silencio.
Después llega y dedica los primeros quince minutos a hacerse fotografías desde veintisiete posiciones distintas.
Tratamiento: sentarse en el suelo de la plaza y guardar el teléfono durante cinco minutos.
Síndrome poscamino
Probablemente sea la enfermedad más seria de todas.
Aparece cuando el peregrino vuelve a casa.
Durante los primeros días siente algo extraño.
La cama es demasiado cómoda.
La mochila ya no está preparada junto a la puerta.
Nadie pregunta de dónde viene.
Nadie le desea “Buen Camino”.
Y, lo peor de todo, después del desayuno no hay que caminar veinte kilómetros.
Entonces empieza a mirar fotografías.
Después vídeos.
Luego antiguos tracks.
Y finalmente ocurre lo inevitable.
Abre el calendario.
Busca fechas.
Y piensa:
“¿Y si el año que viene hago el Primitivo?”
En ese momento el diagnóstico queda confirmado.
Diagnóstico final
La mayoría de estas enfermedades no son peligrosas.
Algunas incluso mejoran el estado de ánimo.
Pero existe una característica común: una vez que aparecen, pueden acompañar al peregrino durante muchos años.
Por eso, si usted reconoce tres o más de estos síntomas, no se preocupe.
No necesita cita médica.
No necesita receta.
Y probablemente tampoco tenga cura.
Es peregrino.
















