Llegar a Santiago después de cientos de kilómetros puede tener una recompensa que muchos peregrinos desconocen. Cada día, los diez primeros caminantes que acreditan su llegada pueden disfrutar de una comida gratuita en el Hostal de los Reyes Católicos, una tradición vinculada al origen hospitalario del histórico edificio.
Hay costumbres del Camino de Santiago que siguen vivas durante siglos y que, sin embargo, continúan siendo desconocidas incluso para muchos peregrinos experimentados.
Una de ellas se encuentra en pleno corazón de Santiago de Compostela, junto a la Catedral.
El actual Hostal de los Reyes Católicos, convertido hoy en uno de los establecimientos más emblemáticos de la red de Paradores, mantiene una tradición que recuerda cuál fue su función original: atender a los peregrinos que llegaban exhaustos a Compostela.
Diez peregrinos cada día
La tradición beneficia a los diez primeros peregrinos que acreditan su llegada a Santiago.
Para ello deben pasar previamente por la Oficina de Acogida al Peregrino, donde se certifica que han completado el Camino y se les facilita el justificante necesario.
Con esa acreditación pueden dirigirse posteriormente al Hostal de los Reyes Católicos y disfrutar de una comida gratuita en el restaurante Enxebre.
No se trata de una promoción turística ni de una campaña comercial.
Es la continuidad de una tradición histórica de hospitalidad.

Un hotel de lujo que nació para los peregrinos
Hoy el Hostal de los Reyes Católicos es uno de los hoteles históricos más conocidos de España.
Pero su origen fue muy diferente.
El edificio fue levantado a comienzos del siglo XVI por iniciativa de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, los Reyes Católicos.
Su función era servir como hospital para los peregrinos que llegaban a Santiago.
En aquella época, completar el Camino podía significar semanas o incluso meses de viaje.
Muchos caminantes llegaban enfermos, heridos, desnutridos o simplemente agotados.
El antiguo Hospital Real ofrecía comida, descanso y atención sanitaria.
De hospital de peregrinos a Parador
Con el paso de los siglos, el edificio dejó atrás su función hospitalaria original y terminó convirtiéndose en el actual Hostal de los Reyes Católicos.
Pero la relación con el Camino no desapareció.
La tradición de ofrecer alimento a los peregrinos se ha mantenido, adaptada al funcionamiento moderno del establecimiento.
Hoy, en lugar de una atención hospitalaria como la de hace cinco siglos, el gesto se materializa en una comida para los primeros peregrinos que cumplen los requisitos cada día.
Una tradición que sobrevivió incluso a la pandemia
Como tantas otras costumbres del Camino, esta tradición se vio afectada durante los años de restricciones provocadas por la pandemia.
La reducción de peregrinos, los cierres y las limitaciones hicieron muy difícil mantenerla con normalidad.
Con la recuperación de las peregrinaciones, la costumbre volvió a retomarse.
Y continúa hoy como uno de los gestos más singulares que puede vivir un peregrino al llegar a Santiago.
La hospitalidad como parte del Camino
El Camino de Santiago siempre ha estado ligado a la hospitalidad.
Albergues, monasterios, hospitales de peregrinos y comunidades enteras se desarrollaron durante siglos para atender a quienes caminaban hacia Compostela.
La existencia del Hostal de los Reyes Católicos es una de las grandes pruebas de esa historia.
Aunque hoy el contexto sea completamente diferente, mantener una pequeña parte de aquella tradición permite recordar algo importante:
Santiago no era únicamente el final del viaje.
Era también un lugar donde el peregrino debía ser recibido, cuidado y alimentado.
Un premio que no aparece en muchas guías
Muchos peregrinos llegan a Santiago pensando en la Catedral, el abrazo al Apóstol, la Compostela o la emoción de entrar en la plaza del Obradoiro.
Pocos saben que existe también esta pequeña posibilidad.
Llegar entre los primeros.
Conseguir la acreditación.
Y terminar el Camino sentado a la mesa de uno de los edificios más históricos de Santiago.
Quizá sea una de esas tradiciones que resumen perfectamente lo que ha sido el Camino durante siglos.
Caminar.
Llegar.
Y encontrar a alguien dispuesto a recibirte.
Más de quinientos años después, la hospitalidad sigue teniendo sitio en la plaza del Obradoiro.
















