Una obra arquitectónica premiada que hoy ofrece una imagen de deterioro ante miles de peregrinos
Lo que nació como un referente del patrimonio cultural gallego y un espacio de acogida para los peregrinos del Camino de Santiago atraviesa hoy una situación preocupante. El centro de interpretación del castro de Castromaior, situado en el municipio lucense de Portomarín y a escasos metros del Camino Francés, presenta signos evidentes de abandono, con pintadas, vegetación descontrolada y acumulación de basura en sus alrededores.
La imagen contrasta con las aspiraciones con las que fue concebido este singular edificio, diseñado por el prestigioso arquitecto coruñés Carlos Pita, cuya propuesta llegó incluso a ser candidata al prestigioso Premio Mies van der Rohe de arquitectura contemporánea.
El centro abrió sus puertas en 2022 como un innovador espacio pensado para interpretar el importante yacimiento castreño de Castromaior, uno de los más relevantes del noroeste peninsular y el único situado directamente en el trazado del Camino Francés. Su filosofía apostaba por una arquitectura abierta, integrada en el paisaje y accesible en todo momento tanto para visitantes como para peregrinos.

Sin embargo, cuatro años después de su inauguración, el sueño parece haberse desdibujado. La musealización completa del edificio continúa pendiente y la falta de vigilancia ha favorecido actos vandálicos que deterioran la experiencia de quienes pasan cada día por este enclave histórico.
Según recoge la información publicada por El Progreso, desde el Ayuntamiento de Portomarín reconocen las dificultades para asumir determinados costes de mantenimiento y estudian medidas como la instalación de cámaras de seguridad. Mientras tanto, se realizan labores periódicas de limpieza y desbroce para tratar de contener el deterioro.
El propio Carlos Pita ha reconocido que quizá existió un exceso de confianza en la concepción del proyecto, pensado para convertirse en un lugar de descanso y contemplación dentro del Camino. El edificio nació sin puertas ni ventanas, inspirado en la arquitectura popular gallega y en la idea de que la comunidad y los propios peregrinos contribuirían a su cuidado.
La situación reabre un debate cada vez más frecuente en torno al patrimonio del Camino de Santiago: ¿es suficiente construir nuevas infraestructuras si después no existen recursos para mantenerlas? Porque preservar el Camino no significa únicamente conservar sus senderos; implica también proteger aquellos espacios culturales y arqueológicos que enriquecen la experiencia del peregrino.
Castromaior no es solo un centro de interpretación. Es la puerta de entrada a uno de los castros más importantes de Galicia y un símbolo del encuentro entre historia, arquitectura y peregrinación. Verlo languidecer supone una llamada de atención sobre la necesidad de apostar por una gestión sostenible del patrimonio jacobeo.
Miles de peregrinos seguirán pasando cada temporada por este rincón de Lugo. La pregunta es si encontrarán un lugar que invite a detenerse y descubrir la historia del territorio… o un nuevo ejemplo de cómo el abandono puede acabar eclipsando incluso las mejores ideas.
















