Con solo 23 años, Claudia está manteniendo prácticamente sola una pequeña pizzería artesanal en O Pedrouzo, una de las últimas paradas del Camino Francés antes de Santiago, mientras su marido se recupera de un trasplante de hígado.
La historia comenzó hace aproximadamente un año, cuando Claudia y Saad, de 25 años, dejaron Extremadura y se trasladaron a Galicia buscando nuevas oportunidades. Se instalaron en O Pedrouzo, comenzaron a trabajar y terminaron construyendo juntos un proyecto propio.
Con sus ahorros y financiación, decidieron abrir una pequeña pizzería artesanal en pleno paso de peregrinos.
El negocio recibió el nombre de O Forno do Camiño.
Aprendieron a hacer pizzas desde cero
Ninguno de los dos tenía experiencia profesional elaborando pizzas.
Buena parte del acondicionamiento del local lo hicieron ellos mismos y aprendieron el oficio viendo vídeos, practicando y haciendo numerosas pruebas hasta conseguir las recetas que querían ofrecer.
Finalmente abrieron sus puertas el pasado 11 de agosto.
La ubicación era especialmente atractiva: O Pedrouzo es uno de los puntos clásicos donde muchos peregrinos descansan antes de afrontar la última etapa hacia Santiago de Compostela.
Desde allí quedan alrededor de veinte kilómetros hasta la capital gallega.
El diagnóstico que cambió sus planes
Pero mientras el proyecto comenzaba a tomar forma, la pareja recibió una noticia que alteró por completo su vida.
Saad fue diagnosticado de cáncer de hígado después de acudir a un centro sanitario por lo que inicialmente parecía un problema gastrointestinal.
Poco después apareció un donante compatible y pudo someterse a un trasplante en Santiago.
La intervención llegó precisamente cuando el negocio acababa de empezar y necesitaba todo el esfuerzo de sus propietarios.
Claudia tuvo entonces que asumir prácticamente sola la actividad diaria.
Preparar pizzas, atender pedidos, organizar compras, recibir clientes, resolver imprevistos y mantener funcionando un establecimiento recién abierto pasaron a depender en gran parte de ella.
Todo mientras acompañaba emocionalmente a su marido durante su recuperación.
Hasta cien pizzas diarias
El esfuerzo empezó a dar resultados.
Durante septiembre, la pareja aseguraba haber alcanzado jornadas de entre 70 y 100 pizzas, además de acumular numerosas valoraciones positivas de clientes.
El negocio comenzó a ser conocido entre peregrinos, vecinos y visitantes que atravesaban O Pedrouzo.
Saad reconoce que una de las cosas que más orgullo le producen no son las cifras, sino comprobar cómo Claudia ha sido capaz de mantener vivo el proyecto familiar en uno de los momentos más difíciles de sus vidas.
Incluso pidió que el protagonismo de su historia recayera especialmente sobre ella.
Una pizzería marcada por Galicia, Extremadura y el Camino
O Forno do Camiño apuesta por pizzas artesanales elaboradas al momento, con fermentación lenta y horno de leña.
La carta incluye variedades que reflejan también la historia personal de sus propietarios.
Hay pizzas inspiradas en Extremadura, otras con productos gallegos como queso de Arzúa o pulpo y una denominada, precisamente, Peregrina.
De alguna manera, el negocio mezcla tres mundos: la tierra de la que proceden, Galicia, donde decidieron empezar una nueva vida, y el Camino de Santiago, que pasa cada día frente a su puerta.
Cuando termina el verano comienza otro reto
Estar en pleno Camino es una ventaja durante los meses de mayor afluencia de peregrinos, pero también supone depender parcialmente de la temporada.
Con la llegada del otoño y el descenso progresivo del número de caminantes, el apoyo de los vecinos de O Pino y de las localidades cercanas será cada vez más importante.
Para Claudia y Saad, por tanto, el desafío no termina con la recuperación médica.
Ahora también necesitan consolidar un negocio que nació prácticamente al mismo tiempo que comenzó uno de los periodos más difíciles de su vida personal.
Pero mientras Saad continúa recuperándose, Claudia sigue cada día detrás del mostrador.
Tiene 23 años.
Hace apenas un año llegaba a Galicia buscando una nueva oportunidad.
Hoy mantiene abierto un pequeño negocio en pleno Camino Francés y sostiene un proyecto que ambos comenzaron juntos.
Y quizá por eso, entre tantos peregrinos que cada día caminan buscando llegar a Santiago, esta historia recuerda algo que el propio Camino enseña constantemente: seguir adelante, incluso cuando el recorrido cambia por completo.
















