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El día que tuvieron que proteger Santiago de los peregrinos

El recuerdo más insólito del Camino medieval: durante siglos, algunos peregrinos arrancaban fragmentos del propio templo para llevárselos a casa

Hoy un peregrino llega a Santiago de Compostela, fotografía la Catedral, compra una concha, guarda su credencial y quizá se lleva algún recuerdo.

Hace siglos, algunos tenían una idea bastante más radical.

Llevarse un trozo de la Catedral.

Puede parecer una leyenda inventada para turistas, pero detrás de esta sorprendente historia existe documentación medieval. La práctica llegó a convertirse en un problema suficientemente serio como para que las autoridades tuvieran que intervenir.

Y uno de los testimonios más extraordinarios aparece en las Partidas de Alfonso X el Sabio, en el siglo XIII.

Peregrinos que querían volver a casa con una piedra

Para comprenderlo hay que viajar mentalmente hasta la Edad Media.

Llegar a Santiago no era una excursión.

Un peregrino podía pasar semanas o meses caminando por caminos peligrosos, atravesando montañas, bosques, ríos y territorios desconocidos.

No existían teléfonos.

No había GPS.

No había tren para regresar a casa si algo salía mal.

Alcanzar la tumba del Apóstol podía convertirse en el acontecimiento más importante de toda una vida.

Y después de semejante viaje, muchos peregrinos querían regresar a sus lugares de origen llevando consigo algo que demostrara que realmente habían estado allí.

Las conchas de vieira terminarían convirtiéndose en el gran símbolo de esa peregrinación.

Pero algunos buscaban algo todavía más especial.

Una piedra.

Un pequeño fragmento del lugar sagrado.

El problema llegó demasiado lejos

La costumbre de llevar recuerdos religiosos no era exclusiva de Santiago.

Durante la Edad Media existía una enorme fascinación por las reliquias y por los objetos que habían estado en contacto con lugares considerados santos.

Un fragmento procedente de un santuario podía convertirse en un objeto extraordinariamente valioso para quien regresaba a su aldea.

Pero imagina miles y miles de peregrinos haciendo lo mismo.

Una piedra hoy.

Otra mañana.

Otra la semana siguiente.

Durante años.

Aquello podía terminar dañando los edificios y espacios sagrados.

Y precisamente por eso encontramos una referencia extraordinaria en la legislación medieval castellana.

Alfonso X tuvo que decir: las piedras se quedan en Santiago

Las Siete Partidas, gran obra jurídica impulsada durante el reinado de Alfonso X el Sabio en el siglo XIII, hablan de los peregrinos y de la protección que debían recibir.

Pero también recogen limitaciones.

Entre ellas aparece la prohibición de que quienes visitaban Santiago arrancasen determinados elementos para llevárselos como recuerdo.

La legislación menciona específicamente la costumbre de tomar cosas del lugar del Apóstol.

Es una pequeña ventana a una escena que hoy resulta increíble:

peregrinos medievales intentando regresar a casa con recuerdos físicos del santuario compostelano.

El souvenir medieval

Actualmente compramos imanes.

En el siglo XIII buscaban objetos cargados de significado religioso.

La diferencia parece enorme, pero la necesidad humana que existe detrás probablemente sea la misma.

Queremos conservar algo de los lugares que nos han cambiado.

Un peregrino moderno guarda fotografías en el teléfono.

Otro conserva su Compostela.

Otro coloca una concha en una estantería.

Y algunos incluso se tatúan una flecha amarilla después de terminar el Camino.

El peregrino medieval también necesitaba demostrar —a los demás y a sí mismo— que había llegado.

La vieira solucionó parte del problema

Precisamente la concha de vieira terminó convirtiéndose en el gran recuerdo de Santiago.

Durante siglos estuvo estrechamente vinculada a la llegada a Compostela.

El Códice Calixtino, del siglo XII, ya habla de las conchas asociadas a la peregrinación jacobea.

Los peregrinos podían adquirirlas en Santiago y colocarlas en el sombrero, la capa o el zurrón.

Era visible.

Era reconocible.

Y, sobre todo, no hacía falta desmontar ningún edificio para conseguirla.

Con el tiempo, la vieira se convirtió en uno de los símbolos viajeros más reconocibles de Europa.

Pero Santiago tenía otro problema: los falsos peregrinos

La popularidad del Camino generó también un fenómeno curioso.

No todo el que vestía como peregrino había realizado necesariamente la peregrinación.

La condición de peregrino podía proporcionar protección, hospitalidad y ayuda durante el viaje.

Eso abrió la puerta a abusos.

Personas que se disfrazaban de peregrinos podían intentar aprovecharse de la caridad destinada a los verdaderos caminantes.

La Edad Media también tenía sus «fake pilgrims».

Por eso surgieron documentos, símbolos y sistemas destinados a identificar y proteger al peregrino auténtico.

El Camino ya era un fenómeno internacional

Todo esto demuestra algo todavía más importante.

Hace 800 años, Santiago de Compostela ya tenía que afrontar algunos de los problemas propios de un gran destino internacional.

Multitudes.

Alojamiento.

Seguridad.

Comercio.

Recuerdos.

Picaresca.

Control de peregrinos.

Protección del patrimonio.

Incluso comportamiento inapropiado de determinados visitantes.

¿Te resulta familiar?

Casi mil años después, Santiago continúa debatiendo sobre muchos de esos mismos asuntos.

Una historia que cambia nuestra imagen del Camino medieval

A veces imaginamos al peregrino medieval caminando solemnemente, rezando durante todo el trayecto y llegando en silencio ante la tumba del Apóstol.

La realidad fue muchísimo más humana.

Había fe.

Pero también comercio.

Fiestas.

Robos.

Tabernas.

Engaños.

Hospitalidad.

Enfermedades.

Amistades.

Peleas.

Y peregrinos que querían llevarse recuerdos a casa.

Exactamente como ahora, aunque sin Instagram.

La próxima vez que entres en la Catedral…

Mira sus piedras.

Han contemplado durante siglos la llegada de reyes, campesinos, soldados, religiosos, aventureros y millones de peregrinos anónimos.

Algunos llegaron desde lugares situados a miles de kilómetros.

Otros nunca consiguieron regresar a casa.

Y hubo quienes, después de superar uno de los viajes más difíciles de su vida, pensaron que una fotografía imaginaria no era suficiente.

Querían llevarse Santiago consigo.

Literalmente.

Hasta que hubo que recordarles algo bastante sencillo:

Buen Camino… pero las piedras de Santiago se quedan en Santiago.


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Ernesto Díaz

Director y locutor de Radio TV Camino de Santiago, con más de 25 años de experiencia personal y profesional en la ruta jacobea, y como profesional del sector de la Restauración. Propietario y hospitalero gerente del Albergue de peregrinos de donativo «La Casa de las Sonrisas» en Grañón (La Rioja) desde 2012.

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