Mientras unos buscan la Compostela, otros solo buscan un colchón calentito. El Camino de Santiago también tiene sus «peregrinos VIP»… aunque nadie los ha invitado.
Hay peregrinos que llegan desde Corea, Estados Unidos, Australia o Brasil. Luego están esos otros viajeros mucho más discretos que no necesitan credencial, ni mochila, ni bastones. Viajan de incógnito, no pagan albergue y, para colmo, nunca hacen cola para ducharse.
Sí, hablamos de los chinches, probablemente los únicos seres vivos capaces de recorrer el Camino de Santiago entero sin sufrir una sola ampolla.
Mientras tú llevas semanas entrenando, compras las mejores botas y te gastas un dineral en material técnico, ellos solo necesitan que alguien deje la mochila cinco minutos encima de una cama.
El peregrino más pequeño… y el menos querido
El chinche tiene un objetivo muy claro: encontrar una cama cómoda antes que tú.
No le interesa la Catedral de Santiago.
No busca la Compostela.
No quiere abrazar al Apóstol.
Él solo piensa:
«¿Dónde duermo esta noche?»
Y curiosamente… siempre encuentra algún peregrino dispuesto a compartir habitación… aunque sea sin saberlo.

Hospitaleros contra el enemigo invisible
Los hospitaleros del Camino ya conocen perfectamente al personaje.
Mientras los peregrinos preguntan:
—¿Dónde está la lavadora?
—¿Hay WiFi?
—¿A qué hora se apaga la luz?
Los hospitaleros responden mentalmente:
«Ojalá hoy no aparezca ningún okupa de seis patas.»
Porque cuando aparece un chinche, comienza una operación digna de una película de acción.
Habitación cerrada.
Colchones revisados.
Sacos inspeccionados.
Y algún peregrino mirando su mochila como si escondiera un dragón.
El peregrino paranoico
Después de leer una noticia sobre chinches ocurren cosas maravillosas.
Cada pequeña mancha del colchón parece una invasión.
Cada cosquilla en la pierna ya es sospechosa.
Y si alguien dice la palabra «chinche» en un dormitorio con treinta literas…
…es capaz de provocar una evacuación más rápida que un simulacro de incendio.
El chinche también hace el Camino
Si existiera una Credencial Oficial para Chinches seguramente tendría todos los sellos.
Roncesvalles.
Pamplona.
Logroño.
Burgos.
León.
O Cebreiro.
Santiago.
Y probablemente Finisterre… porque ya puestos, mejor terminar bien el viaje.
El Botafumeiro… versión XXL
Hay quien asegura que el Botafumeiro se inventó hace siglos para perfumar la Catedral.
Otros peregrinos bromean diciendo que, si hubiera un Botafumeiro portátil en cada albergue…
…los chinches empezarían a reservar hoteles.
La mochila sospechosa
Existe un momento muy curioso cuando llegas a un albergue.
Tú miras la litera.
La litera te mira a ti.
Y durante unos segundos ambos os preguntáis exactamente lo mismo:
«Espero que aquí no haya invitados sorpresa.»
El verdadero Camino
Bromas aparte, los chinches pueden aparecer en cualquier alojamiento del mundo: hoteles de cinco estrellas, apartamentos turísticos, cruceros o albergues.
Por suerte, la inmensa mayoría de los establecimientos del Camino de Santiago aplica protocolos de limpieza y actúa con rapidez cuando surge algún caso.
Así que lo importante sigue siendo disfrutar del viaje, compartir experiencias, conocer personas increíbles y no dejar que un diminuto insecto estropee una aventura que cada año cambia la vida de cientos de miles de peregrinos.
Porque al final, el verdadero espíritu del Camino no está en evitar a los chinches…
…sino en llegar a Santiago con una sonrisa, aunque durante unos días hayas dormido con un ojo abierto «por si acaso».
Y recuerda: el único peregrino que debería llegar contigo hasta la Plaza del Obradoiro eres tú.
















