Millones de personas viajan cada año hacia lugares que para ellas representan mucho más que un destino turístico. Caminan, rezan, cumplen promesas o recorren miles de kilómetros para llegar a Guadalupe, Fátima, Lourdes, Aparecida, Roma o Santiago de Compostela. El turismo religioso mueve una extraordinaria corriente internacional de viajeros y demuestra que, muchos siglos después de las primeras peregrinaciones, ponerse en camino por motivos espirituales continúa siendo un fenómeno mundial.
El peregrino no nació con el Camino de Santiago.
Mucho antes de que viajar fuese sencillo, hombres y mujeres cruzaban territorios enteros para llegar a lugares considerados sagrados. Jerusalén, Roma y Santiago se convirtieron en grandes destinos de la cristiandad medieval, mientras que con el paso de los siglos aparecieron otros centros de devoción capaces de atraer actualmente a millones de personas.
Hoy ese mapa mundial de peregrinaciones se extiende desde México hasta Portugal, desde Francia hasta Brasil.
Y las cifras permiten comprender su dimensión.

Guadalupe: una devoción que moviliza a millones de personas
La Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, en Ciudad de México, es uno de los mayores centros de peregrinación católica del planeta.
La devoción guadalupana está profundamente ligada a la identidad mexicana y se ha extendido por todo el continente americano. Las grandes peregrinaciones alcanzan su momento culminante alrededor del 12 de diciembre, festividad de Nuestra Señora de Guadalupe.
Fuentes oficiales mexicanas han situado históricamente la afluencia anual de la basílica en cifras de muchos millones de visitantes, lo que permite comprender la extraordinaria dimensión del fenómeno.
Aquí la peregrinación no es únicamente un desplazamiento.
Familias enteras, parroquias y comunidades recorren largas distancias para llegar al santuario. Algunos peregrinos caminan durante días y otros cumplen promesas realizadas años atrás.
Es una de las demostraciones de religiosidad popular más impresionantes de América.
Fátima: más de seis millones de peregrinos
Mucho más cerca del Camino de Santiago encontramos otro gigante mundial de la peregrinación: Fátima.https://es.wikipedia.org/wiki/F%C3%A1tima_
El santuario portugués ha publicado recientemente sus datos correspondientes a 2025: alrededor de 6,5 millones de personas participaron al menos en una celebración, frente a los 6,2 millones del año anterior. Además, se registraron 5.608 grupos organizados procedentes de numerosos países.
La dimensión internacional es especialmente interesante.
De los grupos registrados en 2025, 4.332 procedían del extranjero, y estaban representados 84 países. El propio santuario destaca el creciente peso de peregrinos llegados desde Asia.
Fátima es, por tanto, mucho más que un gran destino portugués.
Es un lugar de peregrinación mundial.
Y hay un elemento especialmente interesante para quienes conocemos el Camino de Santiago: también se está potenciando la llegada a Fátima caminando. El santuario trabaja en las rutas de peregrinación y ha anunciado incluso un certificado específico para quienes lleguen como peregrinos.

Lourdes: peregrinar buscando esperanza
En los Pirineos franceses se encuentra otro nombre inseparable de la historia contemporánea de las peregrinaciones católicas: Lourdes.
Desde las apariciones que la tradición católica atribuye a la Virgen María ante Bernadette Soubirous en 1858, la localidad francesa se transformó en un destino internacional.
Su característica más singular es probablemente la presencia de numerosos peregrinos enfermos.
Voluntarios, asociaciones, familias y organizaciones religiosas acompañan cada año a personas que llegan buscando consuelo, esperanza o una experiencia espiritual vinculada a la gruta de Massabielle.
Aquí la peregrinación adquiere un carácter especialmente humano.
No todos llegan esperando un milagro.
Muchos llegan simplemente buscando fuerzas para continuar.

Aparecida: el gran santuario de Brasil
Al otro lado del Atlántico, Brasil posee otro de los grandes centros mundiales de devoción mariana.
El Santuario Nacional de Nossa Senhora Aparecida, en el estado de São Paulo, está dedicado a la patrona de Brasil y se ha convertido en uno de los mayores destinos religiosos de América Latina.
Su enorme basílica da una idea de la dimensión que ha adquirido la peregrinación.
La historia de la devoción se remonta al siglo XVIII, cuando unos pescadores encontraron en el río Paraíba do Sul una pequeña imagen de la Virgen.
A partir de aquella sencilla imagen nació una devoción que terminaría extendiéndose por el país más poblado de América Latina.

Roma: dos mil años de peregrinos
Y después está Roma.
Pocas ciudades pueden explicar mejor la historia de las peregrinaciones cristianas.
Las tumbas de los apóstoles Pedro y Pablo hicieron de Roma uno de los grandes destinos religiosos desde los primeros siglos del cristianismo.
La Basílica de San Pedro, el Vaticano y las grandes basílicas romanas continúan recibiendo peregrinos procedentes de todo el planeta.
Los años jubilares multiplican todavía más ese movimiento.
Pero existe una diferencia interesante con otros destinos: resulta muy difícil separar en Roma al turista cultural del peregrino religioso.
Una misma persona puede entrar en San Pedro fascinada por Miguel Ángel y, minutos después, participar en una celebración religiosa.
Patrimonio, arte, historia y fe se mezclan constantemente.

Santiago de Compostela: llegar después de haber caminado
Y finalmente llegamos a un lugar diferente.
Santiago de Compostela.
No necesariamente porque reciba más visitantes que todos los anteriores.
Sino porque una parte fundamental de su identidad continúa ligada al propio acto de llegar caminando.
Durante siglos, peregrinos procedentes de toda Europa siguieron diferentes caminos hacia la supuesta tumba del apóstol Santiago.
Aquella red medieval nunca desapareció completamente.
Y en las últimas décadas ha vuelto a convertirse en un fenómeno internacional.
El Camino Francés, Portugués, del Norte, Primitivo, Inglés, Vía de la Plata y decenas de itinerarios jacobeos conducen hacia un mismo lugar.
La plaza del Obradoiro.
¿Qué diferencia a Santiago?
Quizá aquí esté una de las claves.
En muchos grandes santuarios el viaje conduce hasta el lugar sagrado.
En Santiago, el propio viaje se convierte en parte esencial de la experiencia.
Dormir en un albergue.
Cruzar una montaña.
Seguir una flecha amarilla.
Compartir mesa con desconocidos.
Caminar bajo la lluvia.
Volver a ponerse las botas cuando duelen los pies.
Todo forma parte de la peregrinación.
Por eso el Camino ha conseguido trascender incluso el ámbito estrictamente religioso.
Católicos, creyentes de otras confesiones, agnósticos y personas sin ninguna religión comparten diariamente las mismas rutas hacia Compostela.
Cada uno lleva una razón diferente dentro de la mochila.
El regreso mundial de las peregrinaciones a pie
Hay además un fenómeno que merece atención.
Mientras vivimos en una época en la que podemos cruzar Europa en avión en unas horas, miles de personas deciden voluntariamente tardar semanas en llegar a un destino.
Fátima está impulsando sus rutas.
Las peregrinaciones tradicionales continúan movilizando multitudes en México y América Latina.
Y el Camino de Santiago recibe caminantes de prácticamente todo el planeta.
No parece una contradicción.
Quizá precisamente porque nuestras vidas son cada vez más rápidas, caminar lentamente hacia algún lugar vuelve a resultar atractivo.
Mucho más que turismo
El término turismo religioso resulta útil para estudiar este enorme movimiento de personas y su impacto en hoteles, restaurantes, transportes, comercios y territorios.
Pero no explica completamente el fenómeno.
Un turista visita.
Un peregrino, al menos en el sentido tradicional de la palabra, busca.
Puede buscar a Dios.
Una respuesta.
Un agradecimiento.
Una promesa.
Un recuerdo.
O simplemente unos días para comprender mejor su propia vida.
Guadalupe, Aparecida, Lourdes, Fátima, Roma y Santiago son lugares muy diferentes separados por miles de kilómetros.
Pero cada año ocurre algo parecido en todos ellos.
Millones de personas deciden ponerse en camino.
Y quizá esa sea una de las tradiciones humanas más antiguas que todavía permanece extraordinariamente viva.
















